La Hora Extraordinaria (+ el monólogo de un ego frustrado)

Inti es mi maestro. No sé si él lo sabrá, o se considere como tal, “yo” nunca se lo he dicho. Sólo recuerdo que los psicólogos no eran de mi agrado, y para la fecha que me dijo que la dinámica del asunto iba a cambiar, y que leeríamos un libro, me pareció que algo estaba mal. Tenía para entonces, dos libros en una mesa pequeña. Me pidió que eligiera uno. Ese título no me expresaba nada. ¿Por qué se rió Lázaro? Yo qué sé. Era ese libro, o los dedos apuntando a la Luna.

Cuando leía las primeras páginas, la situación era ya preocupante. Sin pies ni cabeza. La sesión era un intercambio de palabras algo extraño.

Estos días, aunque acepto que mi mente sigue llena de banalidades, y que pierdo mucho tiempo superfluamente, todo está peor que antes. Hay veces que no hago ni pienso nada, hasta que cae la noche y ya toca dormir.

En el cuarto hay un televisor y la gente acostumbra ver programas en las noches. Fue una noche de Domingo que encontré “La Hora Extraordinaria” en Discovery Channel. Ya no eran los animales confirmando una vez más lo que ya conozco, pero sin querer, “La Hora Extraordinaria” había llamado mucho “mi” atención.

Juan de Dios (John of God) era el objeto de estudio. Un hombre que sana y opera a la gente sin tener conocimientos de medicina. “Yo no me acuerdo de nada. Sólo sé que los espíritus usan mi cuerpo como instrumento para curar a estas personas” explicaba Juan de Dios. Y efectivamente, en los videos proporcionados por DC, Juan de Dios entraba como en una especie de trance (ponía los ojos en blanco) y operaba a la gente a los ojos de varios espectadores. Todos oraban a Dios, y daban gracias por los milagros que presenciaban.

En esta clase de documental, siempre hay muchos comentaristas. Pero en una de tantas intervenciones, un señor dijo algo en pocas palabras. Por mi mala memoria, lo pongo en muchas palabras. Esta es mi versión del comentario: la conciencia es lo que se conoce subjetivamente sobre el entorno (+ el sí-mismo), por lo tanto lo que se conoce es adquirido. Cada conciencia es una larga historia de un ego que se le enseña a percibir las cosas con esta o aquella versión. Cuando la persona es capaz de comprender que todo aquello sustancial que percibe, lo percibe de ésta manera debido a la conciencia, entendiéndose que lo que yo percibo no es lo mismo que lo que usted percibe, o alguien en Sri Lanka percibe, entonces (y aquí está lo magistral) la diferencia entre lo perceptible y lo no-perceptible (comúnmente llamado paranormal) pierde trascendencia.

Escribo porque no me he deshecho del ser aparente. Pero puedo no escribir y salir a tomar el sol.

2 comentarios:

Jonas :D 4 de junio de 2009, 4:49  

al saltar a la otra orilla, el rio no parece tan grande. Desde los dos lados se ve igual... No hay trascendencia en la dualidad!

gracias

Recesionista 4 de junio de 2009, 7:20  

Hola Jonas

Intenté interpretar su metáfora, a la cual le encontré varios posibles significados. La mejor respuesta que le puedo dar, la podrá leer en el próximo “post” que se titulará “Gracias, Maharaj”

Espero terminarlo pronto!

Gracias