Eso es Todo

Mucho se ha dicho sobre La Verdad, pero siempre desde la consciencia. Los conceptos no tienen sentido sin el yo-concepto. Las opiniones que se darán al respecto en este texto son y serán siempre egóicas… ¡lo inevitable es inevitable! Y opino que la diferencia está en ver lo falso como falso.

Entonces he decidido dejar de quebrarme la cabeza pensando en no iniciar la redacción con un “yo opino”, ni un “yo pienso” o “a mí me gusta”. Me aburren los enredos conceptuales, aunque en medio de los mismos, he abierto un poco los ojos.

La Tierra siempre tuvo fecha de expiración. La vida es, egóicamente hablando, una amarga ilusión. El tercer planeta del sistema solar no es nada más que un mínimo fragmento de un gran Todo, en constante cambio. La materia y la energía transformándose en un ciclo sin comienzo ni final: eso es Todo. La Tierra por lo tanto “es” sólo una diminuta porción que en cualquier momento puede ser destruida por un asteroide, llamarada solar o absorbida por un hoyo negro. Su atmósfera puede asimismo transformarse en inhabitable por “nosotros” debido al calentamiento global, ataques nucleares, alienígenos o nanobots. Entonces sólo queda el sentimiento de engaño, de ridiculez. De generación en generación han hecho la situación más complicada con sistemas religiosos, morales, sociales, etc., sin lugar alguno en el trayecto ineludible de “las cosas”.

¿Hay ahora qué pensar sobre un motivo de ser, individual o colectivo, después de constatar que somos otra vez los dinosaurios?

Somos las plantas, las estrellas, el mar, el hoyo negro. La triste e hiriente falacia es pensar, y todo de lo que de la consciencia se derive, a través del tiempo y del espacio, de los siglos de los siglos del hombre.

Desde el yo-concepto, sólo pueden salir discursos negros y tristes. Desde el YO, que soy todo, no existe el “qué decir”, tan sólo Ser.