Un regalito

que me hicieron hoy 03/23/10

Callándose de una vez por todas!!


-Disculpe muchacha, dónde queda el salón comunal?

-Vea, usted sigue de aquí hasta el fondo, dobla a la derecha, y ahí inmediatamente a la izquierda, luego cuando vea otra entrada a la derecha, ¡doble ahí! ¡Ahí se ve!

Nunca aprendí a dar direcciones. Cada vez que me explicaban ahí es el Norte, ahí el Sur, ese es el Este… simplemente no lo logré. Los extraños errantes siempre responden con una cara de frustración.

En el 2008, pasó. Yo no estaba buscando nada de esto. Tenía la mente muy ocupada con problemas del ser humano contemporáneo. Pero pasó, sin entendimiento intelectual previo.

Quietud. Ese que me hablaba había dejado de ser otro. Después de esa vez, pasó otras veces. Pero hacían falta las palabras. Había entendido poco a poco sin palabras, y había una necesidad de esas que se adquieren, de querer entenderlo todo racionalmente. Y entonces leí mucho.

Si no puedo dar una dirección, ¿estoy capacitada para hablar de Lo-Que-Es? Pues no. Yo puedo perder fácilmente en 5 minutos a ese buscador insistente.

No juego el rol de la hambrienta cuando como. Para formular las ideas, necesito tiempo. Comer y pensar al mismo tiempo no es justo para nadie.

¿Qué rol estoy jugando para escribir en un blog o en un twitter?

Con el afán de saber que movía nuestros egos a hablar de Lo-Que-Es en un medio social, me hice esa cuenta, y comencé a hablar de Eso. Pero esos otros hablaban sin parar, y no entendía porqué si leí tanto material, no conseguía inspirarme para escribir en ningún lado.

El entender un par de cosas no significa que me tengo la habilidad para transmitirlas. Eso lo dijo David Carse.

Entonces lo acepté, desde hace mucho dejé de retener las ideas para plasmarlas en un texto. Todo lo que publiqué me costaba alrededor de una semana, cinco minutos un lunes, quince minutos del martes, aquí, allá, y llegaba a los 3 párrafos.

Intelectualmente soy ineficiente.

Comparto esa foto de D.T. Suzuki por dos motivos: él gozó de ese tacto al hablar. Y porque tengo una gata que se llama Gati, y ayer le compré una lata de colas de sardina.

Sin nada más que decir por el momento, se despide afectuosamente,


c.